Prof. Julián Aroztegui y la velocidad de la luz

Anecdotario del primer trabajo experimental exitoso de medida de la velocidad de la luz en Uruguay y semblanza del Prof. Julián Aroztegui, artífice de dicho trabajo.

¿Escuchaste alguna vez la frase “el mundo es un pañuelo”? 
¿Y la expresión “seis grados de separación”...?  
Esta última es la hipótesis que intenta probar que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios.  En un sentido testimonio -fruto de un extensa conversación con el Profesor Carlos Gereda- quedará la base para verificar que muchos vecinos de Melo, habiendo conocido en persona al Prof. Julián Aroztegui, están a solo dos intermediarios de Albert Einstein.


Con motivo del reconocimiento al Profesor de Física Julián Aroztegui -quien además era dentista- en el Liceo de la ciudad que lo vio crecer, nos pusimos en la tarea de descubrir algunos aspectos de su labor y personalidad. Lo primero que llega a nuestras manos es el trabajo descriptivo de una experiencia de cátedra donde se relata la única medición -hasta la fecha- de la velocidad de la luz en suelo uruguayo. El trabajo fue presentado en Porto Alegre en abril de 1978. La publicación estuvo motivada por el centenario de la primera publicación del Dr. Albert Michelson, quien ideó el método que didácticamente buscó implementar -con éxito- el Prof. Aroztegui. 

Leer el relato de la experiencia por sí mismo es de una gran riqueza, pero no solamente por la descripción procedimental y el relato de la resolución de las dificultades, sino que cobra vigencia descubrir la pedagogía de las ciencias que llevaba adelante Aroztegui en la acción de aula, inspirado por su referente; el físico uruguayo Enrique Loedel Palumbo. 

El contacto con el Prof. de Astronomía Carlos Gereda nos dio la  oportunidad de rescatar anécdotas de un largo tiempo de amistad. Carlos llega a conocer al profesor Aroztegui siendo alumno en Secundario en el curso de Física (3ero y 4to). Años más adelante serían amigos y colegas en arduos trabajos experimentales. Estas historias breves resultan en pinceladas de un retrato necesario del profesor que -con parte de Ciencia y parte de Arte, en un liceo público de Uruguay- pudo medir la velocidad de la luz con fines didácticos.

El Prof. Julián Aroztegui (a la derecha) junto al Prof. Carlos Gereda en tarea de laboratorio.

El Prof. Julián Aroztegui (a la derecha) junto al Prof. Carlos Gereda en tarea de laboratorio.

Julián; el deportista

Nos cuenta Carlos Gereda; “Como deportista, supo ser jugador de fútbol, y por las historias en Melo, era muy bueno como tal. Luego siguió hasta la vejez practicando tenis. En la ciudad frecuentaba el “Club Remeros”, donde practicaba ese deporte y, en general, a la vuelta pasaba por frente al taller de Gereda. Siempre llegaba a charlar un ratito. En una oportunidad tuvo lugar -aproximadamente -el siguiente diálogo.

-”¡Tengo una calentura!... No sabés lo que me pasó ayer”
-”No no sé… ¿Qué pasó?
-”No entiendo cómo la gente no entiende que practico deporte, que puedo jugar tenis. ¡Que juego tenis!”
-”¿...?
-Nada. Ayer volvía del Club escapándome de una tormenta. Venía apurado con la mochila y el mango de la raqueta asomaba para afuera… Y cuando pasé frente al bar un parroquiano de adentro grita y me dice ‘¡Apúrese viejito que se le moja la guitarra! ¿Por qué la gente no entiende que es deporte?’

“Pasaba de los 80 y todavía tiraba algún raquetazo. De estas anécdotas, hay muchas. En tantos años cosechó muchas historias, a cual más pintoresca, consecuencia de su inquietud.” 

Julián; el aviador

“Fue también aviador; durante muchos años estuvo relacionado con los aviones. En la década de los 40´s comenzó a construir un avión. ¡Él mismo... con sus manos! Los nietos me han enviado unas fotos y en algunas de ellas se ve el avión a medio hacer. Yo siempre pensé que la intención era hacer un aeroplano de madera, como eran los antiguos. Pero en las fotos se aprecia que la construcción parcial estaba muy bien y distaba de ser algo modesto. Lo que se aprecia en las fotos da cuenta de un proyecto tan ambicioso como esmerado. Sin embargo la historia se truncó. Algunos dicen que ‘fue una suerte que no lo construyera´. No llegó a finalizarlo. Hubo un viento muy fuerte -creo que en el año 42-, muy parecido a un tornado que causó mucho estrago en la zona, y el techo del galpón donde estaba el proyecto de avión guardado se desplomó y lo hizo puré.”

“Julián colaboraba en vuelos sanitarios. En campaña la caminería no era muy buena, y cuando había algún herido de gravedad en la zona, el traslado a un centro asistencial que le atendiera adecuadamente necesariamente era por vía aérea. Una mordedura de víbora o una balacera?, no se podía perder tiempo,  había que buscarlo en avión. Una vez le habían pedido para ir a buscar a un hombre que estaba gravemente herido en una rodilla, producto de una reyerta a los tiros."

Julián Aroztegui preparando un vuelo

El Prof. Julián Aroztegui -el aviador- preparando un vuelo.

"El iba en un avión chiquito de dos asientos, uno adelante de piloto y uno detrás. al asiento de atrás lo removían y quedaba espacio para transportar al paciente como en el tubo del fuselaje, acostado. Iba en vuelo tranquilo, sereno y concentrado en la marcha rítmica del motor. De repente sintió un golpe fuerte, como un estampido que llegó a sobresaltarlo. Miró para atrás al herido, y no notó nada extraño. Revisó varias veces el tablero de instrumentos para notar algo extraño, y nada… Escuchaba el motor y miraba si era posible entrever alguna falla, y nada… No acertó a percatarse que era lo que había ocurrido hasta que llegó a destino. Pensó que podía estar fallando el motor. Al llegar revisaron,  y dieron con la respuesta. A Julián le habían entregado antes de la partida el “plomo” del desgraciado evento, ya que al herido le había atravesado la rodilla de lado a lado. Sin percatarse lo había dejado encima del tablero de instrumentos y en el transcurso del viaje se cayó golpeando varias veces en el piso metálico de la cabina. ¡Un ruido imprevisto en esas circunstancias te pone en alerta!”  

Julián, el amigo 

cielo estrellado“(...) fue un gran amigo y era muy afectuoso con los niños. Tenía una habilidad práctica para hacer trucos de magia con las manos y con monedas. Actos de ilusión que siempre provocaban admiración y eran solicitados por los niños en las visitas familiares. El iba seguido por casa. Como había vendido el auto, en otoño o invierno pasaba y salíamos a dar unas vuelta con Julián y los chiquilines por la campaña. La explicación de la venta del auto es interesante."

"Julián siempre decía que cuando llegara a los 60 años iba a dejar de conducir… Que a esa edad podía llegar a ser un peligro para él y para los demás. Sin embargo quienes le conocíamos le decíamos que no era necesario ser tan estricto. Fue llegar a los 60 años, vendió el auto, ¡...y nunca más condujo! Así de responsable, estricto y firme en convicción era Julián. Igualmente sale bien la historia, pues fue de ese modo que generó oportunidad de muchas salidas y horas de conversación, ya siendo amigos de años.”

“Era muy afecto al contacto con la naturaleza y apreciaba mis trabajos con el telescopio. Él nunca había mirado a través de un telescopio. La primera vez observó fue con uno que yo construí. Le entusiasmaba mucho la observación del cielo”.

Julián y el hipnotizador

“Resulta que Julián era habitué del Cine y Teatro España, que le quedaba a la vuelta de la casa. Tenía como rutina -al finalizar el día- pasar por allí para conversar, ya que tenía amistad de tiempo con los dueños. En una oportunidad le pidieron si podía intervenir como odontólogo -que era su profesión, dicho sea de paso- en una presentación que tendría lugar en el teatro. Actuaría un hipnotizador y la encomienda era ¡...sacar una muela a una mujer mientras estuviese hipnotizada!. Lejos de negarse, le entusiasmó la idea de desenmascarar al farsante. Escéptico ante la hipnosis, no vaciló y accedió al pedido.  Llegado el momento, tuvo lugar la presentación y el artista estaba con la mujer en medio del escenario, sentada en una silla. La señora veía venir a Julián, conocido como odontólogo en la ciudad. ¡La mujer empezó a los gritos...! , que no quería que le pusieran una mano encima… ¡Y Julián no se podía arrimar! Finalmente el hipnotizador avanzó en su acto y Julián me contaba … ‘¡Podrás creer que al final pude meter la mano para sacarle la muela?,  estaba colgando, prácticamente se caía sola!. La mujer se calmó con el hipnotizador y dejó que pudiera intervenir, sin mucho trámite, digamos…’

Julián, el docente de Física

“Julián era una persona muy querida. Era muy cordial en el trato. Nunca tuvimos una discusión, y eso que estuvimos mucho tiempo trabajando con esto de la velocidad de la luz y en muchas otras cosas. Se podía trabajar con él sin ningún problema. En la tarea de la velocidad de la luz, en su informe me pone muy arriba, pero solamente estuve en el lugar adecuado y en el momento adecuado con habilidad en las manos y herramientas”-señala Gereda con modestia-

Al tiempo que conversábamos con el Prof. Gereda, recordábamos las referencias en la memoria descriptiva de la experiencia de la velocidad de la luz al físico Enrique Loedel.  De hecho Julián Aroztegui -en los hechos- siempre se consideró admirador y discípulo de Loedel… ¿Pero quién era Enrique Loedel?

El Prof. Enrique Loedel Palumbo nació en Nuevo París, Montevideo y estudió en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en Argentina, debido a la ausencia de carrera similar en el Uruguay de ese momento. Su tutor de doctorado fue el eminente físico alemán de origen judío, Richard Gans, uno de los primeros directores del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata. Loedel continuó su carrera como profesor en dicha ciudad.

Enseñó a grandes físicos de la época y destaca en su trayectoria que durante la visita del gran físico Albert Einstein en 1925, tuvieron una conversación que dio como resultado la publicación por parte de Loedel de un artículo en la prestigiosa revista de Física alemana Physikalische Zeitschrift.  Fue uno de los primeros artículos en América Latina versando sobre Física de la Relatividad. Loedel Palumbo trabajó luego varios años en Alemania junto a Erwin Schrödinger y Max Planck y retornó a la docencia a la Argentina en 1930 teniendo una gran actividad editorial.

El libro titulado “Enseñanza de la Física” de Enrique Loedel se constituye en un libro de referencia para el Prof. Julián Aroztegui y de allí las múltiples referencias a la obra. (Disponible en https://archive.org/details/LoedelEnsenanza como material libre debido a la antigüedad de la edición).

En esta línea el Prof. Carlos Gereda nos cuenta… “Enrique Loedel tenía mucha relación con Melo porque una hermana de él vivía en Melo y una sobrina de Enrique fue la Profesora Graciela Mántaras Loedel (crítica literaria, ensayista y profesora de Literatura). Cuando Loedel estudiaba no había en Montevideo carrera vinculada con la Física, y por ello su idea fue radicarse para estudiar en Argentina. Cuando se presentó como aspirante a la carrera en la Universidad, expresó su voluntad de dar los exámenes completos correspondientes al primer año de la carrera. Le dijeron que no… que era muy difícil, que nunca lo salvaría. A lo que Loedel replicó que quería dar los exámenes correspondientes a primero,  ¡...y a segundo!  Finalmente, ¿podés creer que aprobó todo y le tuvieron que dar medalla de oro?” - señala Gereda con entusiasmo.

“A todo esto, Loedel era una gran figura de la Fìsica y Julián decidió ir a La Plata a visitarlo. Julián me contaba que en una oportunidad fue a visitar a Loedel a la Universidad de la Plata, que era donde él trabajaba, y me decía ‘...fui con un miedo bárbaro, porque el un tipo tan encumbrado, y yo un modesto profesor de Física en Melo, allá… ¡Qué me va a recibir! Y podés creer que no solo me recibió, sino que me trató como un colega, de igual a igual y divino… Fue fantástico, estuve todo el tiempo que quise con él conversando…’, y Julián relataba que experimentaron una demostración de la polarización de la luz con cristales de ventanas del lugar (experiencia del ángulo de Brewster). “

fragmento de cita de Loedel

Fragmento de “La velocidad de la luz - Experimentación en Secundaria - Experiencia de Cátedra (página 5,  Porto Alegre, abril 1978).


Julián y la velocidad de la luz

“El comenzó a desarrollar la idea de generar la experiencia y empezó a llevar un buen tiempo. En una le digo 'Mire Julián, esto antes de un año tiene que resolverse. No puede ser tan complejo… No puede ser que no se pueda hacer'. Fue entre 1968 y 1969".

"El principal problema que él tenía era el de los espejos planos. Como nunca fue requerida en otra actividad gran precisión, Julián no contaba con espejos adecuados para el actividad. Estos grados de precisión son usuales en la construcción de espejos para telescopios (ya sea los planos o los cóncavos). Allí fue que le fabriqué uno, le hice soporte para el giroscopio, y anduvo."

“Julián consiguió un par de giróscopos de avión en desuso de los talleres de la Fuerza Aérea por intermedio de Óscar Gestido, quien fué por unos meses presidente de la República. Aunque no era de Melo, Gestido había pasado su infancia en la ciudad, y habían sido compañeros de escuela."

foto del presidente Oscar Gestido con dedicatoria a Julián, el amigo.

"Eran muy amigos… Es más, tengo una foto de Gestido donde éste le dedica ‘...a mi gran amigo Julián’... y es así que por ese intermedio le consigue dos giróscopos, que uno se rompió en los primeros ensayos -consecuencia del montaje y las altas velocidades de rotación de la pieza- y finalmente el otro se terminó usando con éxito. El espejo estaba sin aluminizar; era vidrio nomás. Primero se corta de un vidrio varios pedazos de la medida esperada, se pulen y se selecciona el mejor entre todos. Hubo uno que resultaba perfecto para lo que esperábamos. Era cuestión de maquinarlo, montarlo en un proceso muy delicado y preciso. Quedó bien; y había que llevarlo a aluminizar a Buenos Aires.

Esto generó una anécdota, que en el tiempo parece un craso error. Yo -para aprovechar el viaje- le pedí que me llevara el espejo mío -el del telescopio grande- para aluminizar. Se trataba de un espejo considerable, acondicionado en una caja de madera con abrazaderas con tornillos que lo fijan de modo seguro. Es una especie de valijita, pero pesada, como de tres kilos. La historia se resuelve cuando al retorno hablé con la señora y me cuenta: ‘Julián estuvo todo el tiempo con el espejo suyo. A donde fuera, el espejo iba con él. Lo estuvo cargando todo el tiempo…’ No quería largarlo porque tenía miedo que lo rompieran…” - señala Gereda con brillo en el relato.

“Al retorno, con el espejo de la experiencia ya aluminizado, era momento de seguir hacia adelante. El trabajaba muchas horas. Llegamos a trabajar hasta las 2 o 3 de la madrugada. En ocasiones trabajando en solitario, le dedicaba muchas horas. Calibrar y alinear los espejos y las lentes para una persona sola implicaba recorrer varios metros entre diferentes elementos en cada ajuste que se realizaba, ¡...y varias veces en una sesión de trabajo!  Entre dos era mucho más rápido.”

diagrama de experimento de Aroztegui

“Dibujaba extraordinariamente bien. (...) todos los dibujos que aparecen en la memoria descriptiva de la experiencia son obra de Julián. De hecho, un retrato de Michelson que puede verse al principio del trabajo, también fue dibujado por él. Por eso te digo, hablar de Julián es para horas… Era un tipo completo.”

“Lo que relata en la memoria descriptiva del trabajo, es cierto. El efecto del aire y las diferencias térmicas era muy notoria. En la práctica, en la construcción de espejos para telescopios es muy apreciable. Es increíble; parece que no, pero es un tema muy sensible al aire y sus cambios. Por ejemplo, las medidas de calibración de uno de los espejos que armé para un telescopio había que hacerlas en la madrugada, que es cuando -en general- el aire está más sereno. Si se interpone la mano entre el haz de luz y el espejo,  es apreciable la turbulencia que provoca el calor de la mano. Y simplemente por tocar el espejo con el dedo, se transmite un poco de calor al vidrio, éste se dilata, y es  muy notorio… Al enfriarse todo cambia. Esto mismo aplicaba a los espejos que se usaron en la experiencia de la velocidad de la luz. La turbulencia del aire -por mínima que fuese-  afectaba la tarea de modo irremediable. Había que esperar y realizar la tarea en distancias de varios metros. El diseño de la experiencia se desarrollaba en algunas oportunidades en un pasillo del liceo, para cubrir gran distancia, pero era imposible; era un torbellino. Dentro del salòn funcionaba bien, y siendo un salón chico hubo que disponer unas lentes adicionales de distancias focales más cortas. Eran lentes simples; no usábamos pares acromáticos ni nada de eso pues no teníamos con distancia focal tan larga. Se consiguen, pero con distancias de 3, 4 o 5 metros. En definitiva, estuvimos como un año hasta que llegamos al resultado. La lástima es que luego la cosa vino muy fea, tiempos complicados de la institucionalidad, y todo el instrumental se perdió. No se sabe dónde quedó el giroscopio, los espejos, nada...”

diagrama experimento montura de espejos

“En la vida como docente Julián granjeó un respeto y una confianza digna de su carácter. El grado de confianza era tal que el Director del Liceo, en ese entonces el Prof. Antonio María Ubilla, le entregaba la llave para que trabajara a sus anchas en tiempos tranquilos, dedicando todo lo que fuera requerido. El liceo era su segunda casa y el Laboratorio de Física su espacio natural. Se desconoce el paradero de los elementos que conformaron la experiencia original. Y tampoco tuvo continuidad la experiencia, ya que nadie siguió la tarea y a él le impidieron ingresar al Liceo a la vez que lo alejaron de la docencia. Pasaron los años, y en tiempo de Democracia recibió un homenaje y lo desagraviaron, corrigiendo una injusticia. Pasó muy mal antes de eso. En una oportunidad le hicieron una despedida en el liceo por la jubilación y se mostraba muy sensible, al borde de las lágrimas. En ese momento -en mi juventud-  yo no comprendía el porqué de ese grado de afectación, sin embargo ahora -con el paso de los años- lo entiendo más.”

cita de trabajo de Aroztegui

Fragmento del fundamento didáctico de la experiencia. Citando aspectos referidos a la experimentación como base de la enseñanza de la Física expresados por Enrique Loedel en “Enseñanza de la Física” Editorial Kapelusz, Buenos aires, 1949 , accesible en https://archive.org/details/LoedelEnsenanza

 

A modo de cierre, y para dar cabal respuesta a la motivación inicial en el relato; si conociste a Julián Aroztegui, y el conoció a Enrique Loedel, el que a su vez  conoció a Albert Einstein, significa que estás a dos intermediarios de Einstein. Y quien escribe, que conoce al Prof. Carlos Gereda, está entonces a tres intermediarios. Si... el mundo realmente es un pañuelo. 

Autor
Gastelú, Daniel
Responsable
Roldós, Héctor
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