ENUNCIADO


Por enunciado entendemos la unidad mínima de comunicación, tal como lo plantea la Nueva gramática de la lengua española, y es en este sentido, que pertenece al dominio de la pragmática. Debido a que se enmarca dentro del uso del lenguaje en contexto, un enunciado es una producción lingüística concreta y, en tanto tal, es un acontecimiento histórico asumido por un hablante particular, con una intención específica y en circunstancias espaciales y temporales determinadas.

En palabras de Ducrot,«[l]o que el lingüista puede considerar como observable es el enunciado, entendido como la manifestación particular, como la ocurrencia hic et nunc de una frase» (Ducrot, 1986: 178). Justamente por su naturaleza histórica, por tratarse de un fragmento del discurso, es un hecho único e irrepetible; no hay nunca dos enunciados iguales.

Un enunciado puede estar constituido por diversas expresiones: oraciones, sintagmas u otras construcciones. Así, enunciado y oración son dos realidades lingüísticas bien diferenciadas: no hay correspondencia uno a uno entre ellas. El siguiente texto —que el autor elige deliberadamente no puntuar, y que constituye todo él un enunciado— puede ser un ejemplo interesante para investigar la coincidencia o no de enunciado y oración:

(1) 489 se prohíbe hablar se prohíbe mirar para los lados se prohíbe fumar se prohíbe pensar sólo se permiten la soledad la tristeza y el vacío el buen trabajador mortal trabaja y muere no es otra su misión tampoco tiene más misión que apretar la tuerca que ve delante de sus ojos durante cinco segundos se prohíbe saber que hay árboles y pájaros la luna las nubes las olas una hoja de color dorado a la que lleva el viento una mujer a la que se le estremecen de amorosa forma casi imperceptible las aletas de la nariz el tiempo es oro y la sociedad precisa que no se dilapide el oro vete siempre mirando para el suelo llega a tu casa cansado y con el desierto habitándote la cabeza nadie te espera si no es para descargar sobre tus espaldas su malhumor debes acostumbrarte a sentirte orgulloso de que el hombre haya llegado a la luna y de que el dolor pueda transmitirse vía satélite nadie quiere decir que la rebelión de la máquina ha esclavizado al hombre (Cela, Oficio de tinieblas 5.)
El texto es muy rico a la hora de analizar, no solo porque su contenido es desafiante, sino también porque, al momento de leerlo, nos obliga a una segmentación. Si observamos la primera línea, tendremos que tomar la decisión de si se trata de un solo enunciado (con varias oraciones yuxtapuestas, con punto final en «pensar») o si, por el contrario, se trata de varios enunciados, cada uno con una oración encabezada por «se prohibe». En el primer caso no hay coincidencia entre enunciado y oración; en el segundo, sí. La decisión siempre dependerá del lector, ya que cada vez que se lee se instaura una nueva situación de enunciación.

La oración, entonces, es una entidad abstracta definida por el teórico: no pertenece al mundo de lo observable, sino que es el objeto de estudio o la unidad de análisis de la gramática. Por tratarse de un constructo teórico creado para dar cuenta de una realidad observable, no hay una única definición de oración, sino varias que dependerán de la concepción teórica a la que se adscriba.

La formación de una oración dependerá de la combinatoria de la lengua, por tanto, en el dominio sintáctico hablamos de oraciones gramaticales o agramaticales. Por el contrario, en el ámbito de la pragmática, hablamos de la felicidad o propiedad de un enunciado. En otras palabras, cuando un enunciado no es validado por el contexto, entendemos que el mismo es inapropiado o no feliz. Por ejemplo,

(2) Buenhombre, ¿no me haría usted el bien de venderme, si usted así lo entiende necesario o pertinente, quizás, un boleto de dos horas, por favor?
El ejemplo anterior proferido en un ómnibus de recorrido urbano a una hora pico es un enunciado no feliz.

El enunciado, entonces, queda habilitado por el sentido que la situación comunicativa aporta. Una misma combinación de palabras, entonces, vehiculizará necesariamente sentidos e intenciones diferentes. Veámoslo con un ejemplo:

(3) Uf, ¡qué calor!

Si estamos en una habitación con las ventanas cerradas y proferimos estas palabras, claramente puede entenderse como una exhortación a que alguien las abra. En cambio, si se dice esta frase un mediodía de febrero en una calle de la ciudad de Salto, se podría entender como una simple constatación de la situación.

Así vemos que la misma combinatoria de palabras constituirán enunciados diferentes ya que su sentido cambia en virtud del contexto.

Finalmente, deberemos diferenciar el enunciado de la enunciación. Según Benveniste, la enunciación es «el acto mismo de producir un enunciado y no el texto del enunciado (…) Antes de la enunciación, la lengua no es más que la posibilidad de la lengua.» (Benveniste, 1970: 83, 84).

El proceso de enunciación implica siempre una estructura dialógica y sus elementos constitutivos son los interlocutores. En base a ellos se articula una serie de elementos lingüísticos. En este acto se actualiza la referencia de los pronombres personales, los pronombres demostrativos, algunos adverbios (aquí, ahora, ayer, etc.) o la de los tiempos verbales. Recordemos que el yo y el tú existen en función de la designación que realizan a emisor y receptor; o los tiempos verbales, que se organizan en torno al presente, que coexiste con el momento de la enunciación o con el acto de la palabra.
Prof.a T.P. Macarena González Zunini

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