Los orígenes del circo se remontan a civilizaciones antiguas como China, Mongolia, India, Grecia, Roma y Egipto, donde se practicaba acrobacia, contorsionismo y equilibrismo, actividades que, actualmente, se relacionan con las artes circenses. Sólo que entonces, la finalidad era preparar guerreros e integrar festividades y celebraciones religiosas.
Mientras que el nombre fue invención de los antiguos romanos que así denominaban a los espectáculos públicos, principalmente de carreras de carros y caballos. Desde entonces y hasta ahora, el circo ha ido evolucionando, en el Renacimiento, por ejemplo, ocupó un lugar destacado.
Hasta que se consolidó lo que se conoce como circo tradicional, con animales y en carpas itinerantes. Tiempo después, en el Río de la Plata apareció el circo criollo que incluía pequeñas obras de teatro de autores rioplatenses. Y en la actualidad cobró fuerza el circo contemporáneo que consiste en un espectáculo realizado exclusivamente por personas, sin animales, y que combina diferentes expresiones artísticas. Además, se apoya en un guión sobre el cual se desarrolla la presentación y hace hincapié en lo expresivo. El pionero en este tipo de obra fue el Cirque du Soleil, de origen canadiense.
En tanto, en algunos países de la región las artes circenses han adquirido un importante desarrollo, como es el caso en Brasil, Argentina y Chile donde se brinda formación a nivel terciario. Uruguay cuenta con algunos espacios donde se brindan talleres y prevalece la capacitación autodidacta. Sin embargo, en los últimos años aumentó considerablemente la cantidad de interesados en practicarlas, ya sea a nivel profesional o principiantes que se acercan por placer, diversión o para complementar otras actividades.
Para todo público
Patricia Dalmás es profesora de educación física, estudió danza y es instructora de acrobacia aérea. Integra el espacio El Picadero, donde se ofrecen talleres de artes circenses y se preparan espectáculos a nivel profesional. Ella explica a Uruguay Educa que el circo contemporáneo abarca distintas disciplinas como la acrobacia aérea y en piso, la danza, el teatro y la plástica.
Para practicarlo, sostiene, alcanza con tener interés, pues no se requieren conocimientos previos. Dalmás, por ejemplo, tiene alumnos desde los tres años hasta mayores de 40. Para todos ellos existen diferentes propuestas. Los pequeños trabajan desde lo lúdico y la estimulación, para los adolescentes se mezcla la técnica con el perfil lúdico, y los adultos se centran en la técnica. Cada asistente a los talleres avanzará a su propio ritmo, creando su proceso de aprendizaje.
En las clases se abordan los diferentes componentes del circo contemporáneo: acrobacias, equilibrio, malabares y roles teatrales (clown o payaso).
Cuenta Dalmás que el perfil de los alumnos es variado: “Algunos quieren ser artistas de circo, otros son estudiantes que van por disfrute y también interesados en el desarrollo corporal y expresivo”. La formación incluye aspectos corporales, expresivos y creativos. Además, todo se hace en forma colaborativa con el aporte de todos los participantes del taller.
A escena
Ahora, quienes se preparan en forma profesional forman grupos y pueden organizarse en una compañía donde existen diferentes roles: director o coordinador, vestuarista y escenógrafo, músicos, técnicos - se ocupan de las instalaciones para quienes se van a colgar y de la iluminación -, y artistas en escena. En Uruguay, los profesionales de artes circenses no superan la centena.
Sobre las posibilidades de realización profesional que las artes circenses ofrecen, Dalmás dice que son frecuentes las contrataciones para eventos, fiestas y shows particulares o empresariales. Otra alternativa es que el grupo o compañía genere sus propios espectáculos. En esos casos se crea un guión y música que acompañará todo el desarrollo de la obra. “Llevamos a escena cuentos o relatos literarios. Surge de la motivación de artistas, de cómo la palabra es llevada a escena”, expresa Dalmás.
En la última década, el avance de las artes circenses es notorio. Se van desterrando mitos y prejuicios para ir ganando ámbitos profesionales. “Por suerte cada vez menos nos ven como que estamos en los semáforos y que somos hippies vagos”, asegura Dalmás. Y como ejemplo de terrenos conquistados menciona que se incluyeron las artes circenses en los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, así como en el nuevo programa de Educación Física de Primaria.
“Para nosotros es fundamental el vínculo horizontal. Generar conocimiento en base al encuentro entre artistas. En nuestros espectáculos nos preocupamos por la calidad de los movimientos, por tener una estética definida y por el contenido emocional”, indica.
Más información sobre circos en Uruguay Educa:
Proyecto "El circo de los sueños"
Historia del circo
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