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30 de Octubre de 2008

Centenario del nacimiento de Julio Castro

Maestro de maestros

El 13 de noviembre se cumple el centenario del nacimiento de este referente de la pedagogía nacional. Castro fue secuestrado y asesinado por la dictadura militar en 1977, sus restos fueron encontrados el 21 de octubre de 2011 en el Batallón 14.



maestro julio castro; desaparecido

Algunos educadores lo recuerdan:

“Desde maestro rural, a Inspector Departamental, su carrera fue siempre un constante estímulo a la renovación pedagógica y a poner los pies sobre la tierra, para ver el niño, para ver el hombre. Reclamaba entender a la educación como una herramienta para mejorar la condición de los hombres, enraizada con sus necesidades.
Denunciaba "una escuela inadecuada a la vida que la rodea, un maestro socialmente inadaptado al medio; una enseñanza y una orientación desvinculadas de las necesidades sociales que la circundan".
A partir de la década del 40 comienza un periplo por toda América Latina, recorriendo infinitos pueblos y comunidades, y contribuyendo a desentrañar las verdaderas raíces de las causas profundas de la situación de injusticia, explotación y sometimiento de los países americanos. Así lo hizo trabajando con organismos internacionales como la Unesco, en el Centro Regional de Educación Fundamental de América Latina (CREFAL) con gobiernos que intentaban abatir las altas tasa de analfabetismo, como México, Perú, Ecuador, con los educadores americanos en nuestro país, en Venezuela, México, Cuba entre otros, con los trabajadores rurales, con las comunidades indígenas en toda la América Latina.”
Víctor Brindisi

Julio Castro pertenece a una brillante generación de educadores uruguayos que fueron forjadores de verdadero pensamiento pedagógico nacional. [...]
Sin duda alguna, Julio Castro fue el precursor, a nivel nacional, de un pensamiento pedagógico de corte social, que situó a la Pedagogía en el escenario concreto de la sociedad y sus problemas. El análisis de las condiciones socioeconómicas y educativas de nuestra campaña, así como también de la realidad latinoamericana –particularmente el fenómeno del imperialismo norteamericano en América Latina y sus consecuencias sobre la cultura– fueron temáticas permanentes en su labor como docente y periodista.
Todo su pensamiento y su obra están atravesados por dos características: por un lado, un profundo humanismo realista; la realidad y particularmente la realidad socioeconómica y cultural fue siempre el punto de partida y de llegada de sus reflexiones.
Por otro lado, toda su obra está elaborada sobre la base de un lenguaje riguroso, comprometido y de permanente denuncia hacia las situaciones de opresión e injusticia.

Su nombre sigue siendo hasta hoy, sinónimo de la gran transformación operada en la educación rural nacional, etapa fermental de la educación uruguaya en la que se fue gestando desde la reflexión y la acción, una verdadera pedagogía nacional que pudo concretarse en propuestas educativas de avanzada.”
Susana Mallo Gambetta (ver más)

“Yo conocí a Julio Castro cuando tenía cuatro años y cursaba Clase Jardinera en mi querida Escuela Nº 30, del Cerro de Montevideo. Un día llegó a la clase. Me pareció una figura enorme, imponente en su traje oscuro.
Recuerdo que en determinado momento preguntó quién quería escribir su nombre.
–Me llamo Julio Castro–, dijo.
No me explico todavía qué naturaleza de confianza y de afecto transmitía, porque sin saber cómo, dejé de lado mi natural timidez y me encontré de pronto frente al pizarrón, con la tiza en la mano. Después de escribir Julio Castro, con una letra de imprenta que supongo hoy debe haber sido temblorosa e insegura, lo miré desde mis ojos bajitos esperando tal vez su aprobación.
Lo que siguió forma parte de esas imágenes que nos quedan grabadas inexplicablemente y que conservo todavía con extraordinaria nitidez. Me sonrió, me levantó en brazos y me dio un beso.
Muy pocos conocen esta anécdota. Se la conté más tarde a su hijo, cuando compartimos los cursos de los Institutos Normales y empecé a valorar la obra de aquel hombre cálido y Maestro.
Julio Castro es un indiscutido referente en la Pedagogía Nacional. Investigador incansable, maestro vocacional, hombre íntegro y comprometido, marcó rumbos en la educación de su pueblo y de América toda.

Aunque su vida fue segada en uno de los tantos actos vandálicos de la dictadura militar que enlutó nuestro país, su contribución a la educación popular se mantiene presente y nos impone cada día nuevos compromisos.

El 13 de noviembre se cumple el centenario de su nacimiento. Es una fecha que reafirma en nosotros la responsabilidad de seguir sus pasos, trazados con humildad y firmeza. Es, sin duda, un enorme reto, que enfrentamos con optimismo.

Los grandes no mueren ni desaparecen. Por eso sentimos que hoy más que nunca Julio Castro, hombre e idea, acción y esperanza, sigue estando con nosotros.”
Lydia Ducret (revista Quehacer Educativo Nº 26, julio de 1997 y declaraciones para Uruguay Educa)
 
“Referirnos a Julio Castro implica enfrentarse a una personalidad polifacética: fue maestro, director de escuela, subinspector de Enseñanza Primaria, Inspector departamental de Montevideo, profesor de Filosofía en los Institutos Normales, autor de diversas obras sobre educación y pedagogía, sindicalista y activo participante de recordados congresos de maestros en los años 40 y 50.
Sumado a lo anterior debemos destacar su itinerario por varios países de América Latina, su pasaje como Consejero Técnico en la UNESCO, su labor como periodista –profesión que emprendió con pasión y que ejerció como otra forma de docencia–, y su comprometida actividad como político.
Su constante preocupación por la vida rural, lo llevó en 1945 a orientar la primera “Misión Socio-pedagógica” realizada en Caraguatá, acompañado de 20 estudiantes de magisterio y medicina. El maestro Julio Castro, docente por entonces de los IINN, fue precursor fundamental de este tipo de experiencias y referente ineludible para las prácticas que se desarrollaron posteriormente.
Este contacto de los estudiantes con la pobreza del interior más profundo -reflejado y evidenciado por artículos de Julio Castro en el semanario Marcha- impactó la opinión pública en la capital, y dio cuenta de un testimonio sociocultural que sacudió los cimientos de la realidad educativa nacional.
Mencionaremos algunos de los grandes ejes que atraviesan transversalmente el pensamiento pedagógico de Julio Castro.

El primero de estos ejes lo constituye la dimensión social con la cual concebía el hecho educativo. Dan cuenta de este aspecto las Misiones nombradas anteriormente. Visualizaba que el analfabetismo no constituía meramente un problema cultural o educativo, sino que también era y es una cuestión social, una consecuencia económica y política. Construyó su teoría a través de la praxis enmarcada en la dura realidad rural sobre la que actuó.
Y para su acción pedagógica sobre el medio rural concibió a la escuela pública, como un eficaz instrumento de transformación social, que coadyuvara a elevar el nivel de vida de los habitantes del medio rural. Concebía a la escuela como un centro abierto de interacción con la comunidad, un espacio de intervención directa en donde la cooperación y el impulso a obras de interés colectivo, sustituyeran la idea de que los centros educativos son lugares cerrados donde se enseña a leer y escribir.

Otro de los aspectos de su pensamiento fue la necesidad de una educación diferenciadora para el medio rural. La escuela rural debe ruralizarse –afirmaba– y en consecuencia influir en la transmisión de los valores culturales de ese medio, tratando de mejorar, en la medida de sus posibilidades, la zona en la cual se desarrolla su acción.

En el Congreso de Maestros Rurales convocado en 1949 en Piriápolis, es uno de los redactores principales del Programa de Escuelas Rurales y Granjas, que fue utilizado como modelo en toda América Latina.

La Escuela asociada a la producción es otra de las características salientes en el pensamiento pedagógico de Castro. Esto no supone que se entienda a la misma como exclusiva creación de bienes económicos, ni preparación de mano de obra ante las demandas del mercado. La producción asociada a la escuela no es concebida por él en términos económicos, sino en relación a la dignificación del trabajo como actividad constitutiva de los seres humanos.

Se oponía frontalmente a las concepciones desarrollistas de la educación derivadas de teorías que conciben a las personas como una forma más del capital. Antepuesto a esto, consideraba necesario crear una conciencia nacional respecto a los grandes problemas del desarrollo, que hiciera posible una actitud popular, y en la que todos los ciudadanos pudieran identificarse, entendiendo de esta manera el progreso en la sociedad. Y para poner en práctica estas ideas, la escuela significaba una herramienta privilegiada en el pensamiento pedagógico de Julio Castro.

La vida y obra de este educador polifacético estuvo pautada por la búsqueda incesante de un modelo educativo de profunda transformación social y cultural, y muchas de sus propuestas conservan hoy plena vigencia.”
(ANEP, Infoeducar )

Ver bibliografía de y sobre Julio Castro, según registros de Miguel Soler Roca



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